En México, el 55% de las mujeres emprendedoras son madres, de acuerdo con datos de la Asociación de Emprendedores de México (ASEM), citados en una nota de la periodista Elizabeth Meza Rodríguez publicada en El Economista. La cifra refleja no solo el creciente liderazgo económico de las mujeres en la región, sino también una realidad marcada por la doble jornada, la precarización laboral y la ausencia de redes de cuido suficientes para millones de madres latinoamericanas.
La publicación destaca que muchas madres desarrollan habilidades fundamentales para el emprendimiento, como la organización, el liderazgo, la resiliencia y la capacidad de adaptación. Estas competencias, construidas a partir de la experiencia cotidiana de la maternidad, han permitido a miles de mujeres sostener pequeños negocios, iniciativas digitales, comercios familiares o actividades independientes en contextos económicos adversos.
Sin embargo, detrás de esa narrativa de superación, muchas veces romantizada, existe una dimensión estructural más compleja. En América Latina, gran parte del emprendimiento femenino surge como respuesta a la exclusión laboral, la informalidad y la necesidad de compatibilizar ingresos con responsabilidades de cuidado que continúan recayendo mayoritariamente sobre las mujeres.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha advertido de que las mujeres de la región dedican hasta tres veces más tiempo que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerados. Esa sobrecarga impacta directamente sus posibilidades de acceder a empleos formales, de ampliar sus negocios, de capacitarse o de alcanzar la estabilidad financiera.
En numerosos países latinoamericanos, las madres emprendedoras también son jefas de hogar. Para muchas de ellas, emprender no representa necesariamente una elección basada en oportunidades de mercado, sino una estrategia de supervivencia frente a la falta de empleo digno, salarios insuficientes o sistemas públicos de cuido limitados.
La informalidad sigue siendo uno de los principales desafíos. Muchas mujeres realizan actividades económicas sin acceso a la seguridad social, al financiamiento, a las licencias de maternidad ni a la protección laboral. En sectores rurales y urbanos populares, el emprendimiento femenino suele combinar ventas informales, comercio digital, servicios domésticos, producción artesanal o pequeños negocios familiares con extensas jornadas de cuidado del hogar.
Pese a estas desigualdades, organismos internacionales han señalado que el emprendimiento liderado por mujeres tiene impactos sociales significativos. Diversos estudios regionales muestran que las mujeres tienden a reinvertir una proporción mayor de sus ingresos en alimentación, educación, salud y bienestar familiar, lo que fortalece las economías comunitarias y locales.
El crecimiento de las madres emprendedoras en América Latina evidencia, al mismo tiempo, la resiliencia de las mujeres y las profundas deudas estructurales de la región en materia de corresponsabilidad social en el cuidado. Especialistas en género y economía coinciden en que el desafío no debe limitarse a celebrar historias individuales de éxito, sino a avanzar hacia políticas públicas que garanticen el acceso al crédito, la protección social, sistemas integrales de cuido y condiciones laborales más equitativas.
La maternidad y el emprendimiento continúan sosteniendo una parte silenciosa de las economías latinoamericanas. Reconocer el aporte de las madres emprendedoras implica también visibilizar las desigualdades que muchas enfrentan a diario para poder trabajar, cuidar y sostener sus hogares al mismo tiempo.
Referencias:
Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Informes regionales sobre trabajo de cuidados, informalidad y autonomía económica de las mujeres en América Latina.
Meza Rodríguez, E. (2026). Mamás emprendedoras: liderazgo, organización y resiliencia. El Economista. https://es-us.noticias.yahoo.com/mam%C3%A1s-emprendedoras-liderazgo-organizaci%C3%B3n-resiliencia-130000359.html








