Un estudio de 21.851 registros de urgencias en Israel y Estados Unidos encontró que las pacientes tenían menos probabilidades de recibir analgésicos que los hombres. La investigación también identificó diferencias en el registro y la valoración de sus síntomas.
Las decisiones médicas sobre el tratamiento del dolor dependen de la información que proporciona cada paciente, de la evaluación clínica y de las características de la enfermedad. Cuando una persona acude a urgencias con una molestia intensa, la valoración de sus síntomas es fundamental para determinar el tratamiento que necesita. Una investigación publicada en 2024 encontró que, en determinadas condiciones, el sexo de la persona atendida también puede influir en esas decisiones.
El estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) con el título «Sex bias in pain management decisions», analizó 21.851 registros de pacientes que acudieron por dolor a los servicios de urgencias de Israel y Estados Unidos. El equipo investigador examinó las prescripciones de medicamentos analgésicos y comparó los resultados entre mujeres y hombres, teniendo en cuenta diversas características clínicas y de la atención recibida.
En el conjunto de registros procedentes de dos centros del Hospital Hadassah, en Israel, el 38 % de las pacientes recibió una prescripción de analgésicos al alta, frente al 47 % de los hombres. La diferencia también se observó al examinar distintos niveles de intensidad del dolor y persistió en los análisis estadísticos que incorporaron otras variables relacionadas con las personas atendidas y con los servicios médicos.
La investigación encontró, además, que las enfermeras tenían una probabilidad aproximadamente un 10 % menor de registrar la puntuación del dolor de las pacientes y que las mujeres permanecían, en promedio, treinta minutos adicionales en urgencias. Estos resultados corresponden a las poblaciones y procedimientos estudiados, por lo que no deben presentarse como porcentajes aplicables a todos los hospitales.
Para examinar posibles mecanismos subyacentes a las diferencias observadas, el equipo realizó un experimento con 109 profesionales de enfermería. Las personas participantes recibieron un caso clínico de dolor de espalda en el que únicamente variaba el sexo atribuido al paciente. En promedio, valoraron el dolor como menos intenso cuando el caso describía a una mujer, aunque el resultado de esa comparación quedó ligeramente por encima del umbral estadístico convencional de significación.
Los autores interpretaron el conjunto de hallazgos como evidencia de un posible sesgo de sexo en la atención del dolor. Sin embargo, reconocieron que los registros disponibles no permitían identificar todos los mecanismos responsables de las diferencias. También señalaron que su investigación examinaba el sexo registrado en las bases de datos clínicas, no la identidad de género de las personas atendidas.
El trabajo permite distinguir dos aspectos que suelen confundirse. Las diferencias biológicas pueden influir en la experiencia del dolor, en la evolución de determinadas enfermedades y en la respuesta a algunos tratamientos. Los estereotipos, en cambio, pueden afectar la interpretación que otras personas hacen de los síntomas comunicados. Una evaluación clínica adecuada debe considerar ambos elementos sin asumir que el dolor expresado por una paciente es exagerado o menos importante.
La endometriosis ofrece otro ejemplo de las dificultades que pueden surgir cuando los síntomas dolorosos se interpretan como parte habitual de la vida reproductiva. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), esta enfermedad afecta aproximadamente al 10 % de las mujeres en edad reproductiva en el mundo, es decir, unos 190 millones de personas. Puede causar dolor menstrual intenso, dolor pélvico persistente, hemorragias abundantes y molestias durante las relaciones sexuales, la defecación o la micción.
La OMS reconoce que en numerosos lugares existen dificultades para obtener un diagnóstico temprano y acceder a tratamientos eficaces. La variedad de síntomas y la necesidad de diferenciar la endometriosis de otras enfermedades pueden retrasar su diagnóstico. También influye que algunas pacientes consideren normales molestias que interfieren considerablemente en sus actividades y no consulten hasta que el dolor se vuelve difícil de tolerar.
El dolor menstrual merece atención cuando afecta al descanso, impide realizar actividades habituales o se acompaña de otros síntomas. Su presencia no significa necesariamente que exista endometriosis, pero tampoco debe descartarse una enfermedad por el hecho de que las molestias coincidan con el ciclo menstrual. La evaluación profesional permite determinar qué estudios y tratamientos son pertinentes según las características de cada caso.
En el ámbito del dolor crónico, la fibromialgia presenta dificultades diagnósticas particulares. El Instituto Nacional de Artritis y Enfermedades Musculoesqueléticas y de la Piel de Estados Unidos explica que esta afección puede causar dolor generalizado, fatiga, alteraciones del sueño y problemas de concentración o de memoria. Actualmente, no existe una prueba de laboratorio ni una prueba de imagen específica que confirme por sí sola el diagnóstico.
Por ello, la valoración médica requiere revisar los antecedentes, explorar los síntomas y descartar otras causas que puedan producir manifestaciones similares. La ausencia de una prueba diagnóstica única no significa que el dolor carezca de fundamento clínico ni que deba atribuirse automáticamente a la ansiedad o al estrés.
Las dificultades descritas en estas investigaciones plantean la necesidad de mejorar la evaluación de los síntomas y la comunicación en las consultas. Registrar la intensidad del dolor, preguntar por su duración y localización, y conocer sus consecuencias en el sueño, el trabajo y la movilidad permite obtener información útil para la toma de decisiones clínicas. Cuando las molestias persisten o empeoran, una nueva valoración puede ayudar a identificar causas que no resultaron evidentes en la primera consulta.
Los resultados del estudio de PNAS también evidencian la importancia de examinar las prácticas institucionales. Sus autores proponen investigar medidas que favorezcan el registro sistemático del dolor y reduzcan la influencia de los estereotipos en las decisiones terapéuticas. Estas medidas deben evaluarse científicamente antes de afirmar que producen mejoras.
La investigación disponible no permite concluir que todas las mujeres reciban un tratamiento insuficiente ni que toda diferencia clínica se deba a la discriminación. Sí aporta evidencia para revisar cómo se valoran sus síntomas y cómo se decide el tratamiento. La calidad de la atención depende de que el dolor comunicado por cada paciente sea examinado con criterios clínicos consistentes y con la misma exigencia de rigor.
Referencias
Guzikevits, M., Gordon-Hecker, T., Rekhtman, D., Salameh, S., Israel, S., Shayo, M., Gozal, D., Perry, A., Gileles-Hillel, A., & Choshen-Hillel, S. (2024). Sex bias in pain management decisions. Proceedings of the National Academy of Sciences, 121(33), e2401331121. https://doi.org/10.1073/pnas.2401331121
Instituto Nacional de Artritis y Enfermedades Musculoesqueléticas y de la Piel. (s. f.). Fibromialgia: diagnóstico, tratamiento y pasos a seguir. Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos. https://www.niams.nih.gov/es/informacion-de-salud/fibromialgia/basics/diagnosis-treatment-and-steps-to-take
Organización Mundial de la Salud. (2025, 15 de octubre). Endometriosis. https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/endometriosis








