El Colegio de Biólogos de Costa Rica celebró el conversatorio “Ciencia con voz de mujer”, un espacio de diálogo que reunió a líderes gremiales, académicas y jóvenes activistas para discutir las barreras históricas y los desafíos futuros de las mujeres en las ciencias biológicas.

La jornada inició con una mirada retrospectiva liderada por Anny Chaves Quirós, actual presidenta del Colegio de Biólogos, quien rememoró las dificultades estructurales de hace cinco décadas, cuando el simple hecho de asistir a giras de campo requería permisos familiares especiales y la infraestructura de trabajo, desde los uniformes hasta la logística de campo, ignoraba por completo la fisiología y las necesidades de las mujeres.

Chaves enfatizó que estos retos no han desaparecido, sino que han evolucionado hacia barreras más complejas relacionadas con la conciliación de la vida familiar y el ejercicio de cargos directivos en un entorno que históricamente ha priorizado la visión masculina.

Esta perspectiva histórica fue complementada por la energía de las fundadoras del proyecto «Bioloticas», Fabiana Tabash, Daniela Rojas y Ana Gabriela Solano, quienes han llevado la ciencia a las plataformas digitales para democratizar el conocimiento. Durante su intervención, las jóvenes activistas señalaron que la ciencia no solo tiene un sesgo de género, sino también de clase, y que su labor de divulgación busca que las niñas de zonas vulnerabilizadas vean en la biología un camino posible y real.

Discutieron cómo el «Efecto Matilda» ha minimizado sistemáticamente los aportes femeninos y abogaron por un cambio de paradigma: pasar de una ciencia competitiva y patriarcal —centrada en quién publica primero— a una ciencia colectiva, sorora y segura. Este enfoque inclusivo es vital para la calidad de la investigación, pues, como se mencionó en el panel, la exclusión de las mujeres en ensayos clínicos y estudios de campo ha provocado que gran parte del conocimiento actual sea incompleto, dejando de lado variables hormonales y sociales que afectan directamente a la mitad de la población mundial.

Por su parte, María Emilia Cornejo, de la Asociación de Estudiantes de Biología de la UCR, aportó la visión de quienes hoy habitan las aulas, señalando que, aunque existe una percepción de mayor apertura, persisten «techos de cristal» y barreras sutiles en los centros de investigación. La discusión se tornó crítica al abordar la meta 23 del Marco Global de Biodiversidad de Kunming-Montreal, que exige la igualdad de género en todas las acciones ambientales.

 Las panelistas coincidieron en que la biología, como disciplina que estudia la biodiversidad, debe ser la primera en abrazar la diversidad humana como una fuente de innovación; tener múltiples voces no es solo un acto de justicia, sino una necesidad estratégica para resolver crisis complejas como el cambio climático o la gestión del recurso hídrico, áreas donde la visión de «cuido» de la mujer aporta una integralidad que el modelo tradicional suele ignorar.

Finalmente, el conversatorio cerró con un análisis de la normativa y de la política universitaria, en el que se hizo un llamado urgente a las instituciones para garantizar la integridad física y psicológica de las mujeres durante las giras y en los laboratorios. Se discutió la necesidad de implementar acciones afirmativas en los concursos de plazas y de revisar los reglamentos de régimen académico que, en su forma actual, penalizan indirectamente a las investigadoras por sus periodos de maternidad o responsabilidades de cuido.

«La ciencia es completa solo cuando es diversa», concluyó el moderador Fernando Campos, miembro de la Comisión de Derechos Humanos del Colegio de Biólogos, reafirmando el compromiso del Colegio de mantener espacios seguros y equitativos para todas las generaciones de profesionales.