Un estudio de la Secretaría General Iberoamericana, la OIT y ONU Mujeres, publicado este marzo, documenta que las trabajadoras del hogar en plataformas digitales de la región tienen entre 18 y 60 años y, en su mayoría, son madres o la principal fuente de ingresos de sus hogares.
El trabajo de cuidados y tareas domésticas contratado a través de aplicaciones está compuesto fundamentalmente por mujeres, con sobrerrepresentación de población indígena, afrodescendiente y en movilidad humana, según el mismo estudio, que documenta cómo ese perfil sociodemográfico reproduce exactamente las desigualdades que ya existían en el trabajo doméstico antes de que llegara cualquier aplicación.
En el reparto a domicilio y en el transporte de pasajeros, ocupaciones tradicionalmente masculinizadas, la presencia femenina crece de manera incipiente. En Buenos Aires, la proporción de mujeres repartidoras pasó del 13% en julio de 2019 al 21% un año después, según cifras de la OIT recogidas en un estudio de la Asociación Argentina de Economía Política.
Ese mismo estudio porteño encontró que el 66% de las repartidoras en bicicleta evita alejarse hacia zonas más convenientes para el negocio porque necesita mantenerse cerca de su domicilio, y que casi el 85% de quienes tienen personas a cargo declara que esa responsabilidad limita directamente cuántas horas puede conectarse a trabajar cada día.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo advierte que la participación femenina cae drásticamente en las plataformas que exigen presencia física, donde los riesgos de acoso y la falta de condiciones de seguridad en la calle desincentivan su participación, un obstáculo que no se presenta con la misma magnitud en el trabajo de plataformas realizado desde el hogar.
La paradoja de fondo, según el mismo organismo, es que quienes más necesitan la flexibilidad que ofrecen estas aplicaciones —mujeres con responsabilidades de cuidado, migrantes o habitantes de ciudades pequeñas— son también quienes enfrentan más obstáculos estructurales para aprovechar sus mejores oportunidades, concentradas, en la práctica, en los segmentos peor pagados del negocio.
Un estudio del BID sobre la economía gig y la inclusión financiera de las mujeres encontró, sin embargo, un efecto positivo poco discutido: estas plataformas generan un efecto de formalización y de actividad económica entre trabajadoras que antes no tenían ningún historial financiero, aunque también identifica la desconfianza en los instrumentos de pago digitales como el principal obstáculo para profundizar esa inclusión.
La informalidad previa de buena parte de estas trabajadoras, muchas de ellas antes dedicadas al trabajo doméstico o de cuidado sin ningún tipo de contrato, hace que incluso una relación laboral precaria mediada por una aplicación represente, en los hechos, un primer acceso a algún tipo de registro de ingresos, algo que las instituciones financieras tradicionales rara vez consideraban suficiente para otorgar un crédito.
Ese primer registro de ingresos no equivale, sin embargo, a una cobertura de seguridad social; ni la maternidad ni un accidente durante una entrega quedan cubiertos por ningún seguro obligatorio en la mayoría de los países de la región, un vacío que deja a estas trabajadoras expuestas exactamente al mismo riesgo que enfrentaban antes de que se aplicara la aplicación.
Un estudio académico sobre repartidores en Colombia documenta que la retórica de autonomía y emprendimiento individual que promueven estas plataformas invisibiliza la relación de dependencia económica real entre la trabajadora y la empresa, un discurso que, además, dificulta la organización colectiva y la negociación de mejores condiciones para quienes dependen de ese ingreso.
Ninguna de las principales plataformas que operan en la región publica hoy, de forma desagregada por género, cuánto gana en promedio una repartidora frente a un repartidor por la misma cantidad de horas conectadas, un dato que organizaciones laborales de varios países ya exigen como condición mínima antes de aprobar cualquier nueva regulación del sector en sus respectivos congresos nacionales.
Referencias
SEGIB, OIT y ONU Mujeres. (2026, marzo). Mujeres en la economía de plataformas: desafíos y oportunidades en Iberoamérica. https://www.ilo.org/sites/default/files/2026-03/Mujeres%20en%20la%20econom%C3%ADa%20de%20plataformas%20desaf%C3%ADos%20y%20oportunidades.pdf
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. (2025, 3 de septiembre). ¿Nuevas oportunidades o prosperidad precaria? Las dos caras de la economía gig en América Latina. https://www.undp.org/es/latin-america/blog/nuevas-oportunidades-o-prosperidad-precaria-las-dos-caras-de-la-economia-gig-en-america-latina
Asociación Argentina de Economía Política. (2021). Desigualdades de género en la economía de plataformas. https://aaep.org.ar/works/works2021b/4491.pdf
Banco Interamericano de Desarrollo. (2023, 23 de febrero). Economía del gig y la inclusión financiera de las mujeres en América Latina. https://publications.iadb.org/es/economia-gig-y-la-inclusion-financiera-de-las-mujeres-en-america-latina








