Un análisis realizado en 76 países encontró que los hombres y las mujeres califican los rostros femeninos como más atractivos que los masculinos. El estudio reunió más de 1,5 millones de evaluaciones y plantea preguntas sobre cómo se construyen los ideales de belleza, una discusión que en América Latina continúa atravesada por la edad, la raza, la clase social y los mandatos de género.
Durante siglos, la expresión “el sexo bello” formó parte del lenguaje cotidiano en Europa y América. La frase fue cuestionada por los movimientos feministas porque reducía el valor de las mujeres a su apariencia física. Sin embargo, una investigación internacional publicada en Proceedings of the Royal Society B encontró que existe una percepción ampliamente compartida de que los rostros femeninos son considerados más atractivos que los masculinos.
El estudio fue dirigido por el investigador Eugen Wassiliwizky, del Instituto Max Planck de Estética Empírica, en Alemania. El equipo reunió información procedente de 52 investigaciones realizadas en 76 países, con cerca de 28.500 personas participantes, más de 17.000 fotografías de rostros y alrededor de 1,5 millones de calificaciones individuales. Los resultados mostraron una tendencia constante en casi todos los grupos analizados.
“Este es un efecto extremadamente robusto y lo observamos en distintas culturas”, señaló Wassiliwizky al diario The Guardian. “Lo más sorprendente es que las mujeres otorgan las puntuaciones más altas a otras mujeres y las más bajas a los hombres”.
La investigación encontró que la diferencia persiste incluso cuando las personas evalúan rostros de su mismo sexo. Las mujeres calificaron mejor los rostros femeninos que los masculinos, mientras que los hombres también tendieron a valorar más positivamente los femeninos. Esa coincidencia llevó a los investigadores a descartar que el fenómeno pudiera explicarse únicamente por la atracción sexual o romántica.
Parte de la explicación radica en la estructura facial. Los investigadores identificaron que los rostros femeninos suelen presentar formas más redondeadas y suaves, mientras que los masculinos tienden a ser más angulares. Los análisis estadísticos mostraron una preferencia general por las formas redondeadas, aunque dicha preferencia no explica por completo la diferencia observada.
El hallazgo adquiere una dimensión particular en América Latina, donde la apariencia física continúa condicionando las oportunidades laborales, el reconocimiento social y el acceso a espacios de representación para las mujeres. Diversas investigaciones regionales han documentado que los estándares de belleza afectan de manera distinta a mujeres indígenas, afrodescendientes, rurales o de mayor edad, cuyos cuerpos suelen quedar fuera de los modelos dominantes difundidos por la publicidad, la televisión y las redes sociales.
La propia investigación alemana aporta un dato que dialoga con esas discusiones. La diferencia en la valoración de los rostros masculinos y femeninos disminuye progresivamente con la edad. Entre las personas jóvenes, el efecto es marcado, pero se reduce hasta casi desaparecer a partir de los 80 años. Los autores sugieren que el envejecimiento vuelve menos visibles ciertas diferencias faciales asociadas al sexo biológico.
La escritora estadounidense Susan Sontag advirtió hace más de medio siglo que las sociedades occidentales aplicaban un doble estándar al envejecimiento. Mientras los hombres podían ganar prestigio con los años, las mujeres eran evaluadas según criterios estéticos mucho más estrictos. El nuevo estudio no aborda directamente esa desigualdad, pero muestra que la percepción de la belleza cambia cuando los rostros envejecen y las diferencias de género pierden protagonismo.
Otro resultado llamó la atención de los investigadores. Cuando hombres y mujeres evaluaron su propia apariencia, la diferencia desapareció. Ambos grupos tendieron a calificarse de manera similar. El fenómeno parece surgir cuando observan a otras personas y no cuando se observan a sí mismos.
Los datos no permiten concluir por qué se observa esta preferencia global por los rostros femeninos. Los autores consideran que intervienen factores biológicos, culturales y sociales cuya combinación aún requiere más investigación. Lo que sí demuestra el estudio es que una idea repetida durante siglos puede someterse a prueba empírica. Tras analizar más de un millón y medio de evaluaciones, los investigadores encontraron que la percepción de la belleza continúa asociándose predominantemente a los rostros de las mujeres.
Referencias
Pacios, E. (2026, 1 de junio). ¿Tiene género la belleza? Un estudio detecta un mayor atractivo hacia los rostros femeninos. The Objective. https://theobjective.com/sociedad/2026-06-01/estudio-mayor-atractivo-rostros-femeninos/
Sample, I. (2026, 26 de mayo). Women’s faces rated more attractive even by other women, study finds. The Guardian. https://www.theguardian.com/society/2026/may/27/women-faces-rated-more-attractive-study
Wassiliwizky, E., et al. (2026). The gender attractiveness gap. Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences. https://doi.org/10.1098/rspb.2026.0362








