La periodista británica Laura Bates advierte que las plataformas digitales influyen cada vez más en la manera en que niños y jóvenes construyen sus ideas sobre las mujeres, las relaciones y la masculinidad. En su libro La nueva era del machismo, sostiene que el problema no es la tecnología en sí misma, sino los sistemas que amplifican los discursos misóginos y normalizan nuevas formas de violencia.

Durante generaciones, las ideas sobre lo que significaba ser hombre se transmitían principalmente en la familia, la escuela, el deporte o la comunidad. Hoy, una parte creciente de esa formación ocurre en espacios digitales donde los algoritmos deciden qué contenidos aparecen, cuáles se vuelven virales y qué mensajes reciben millones de jóvenes cada día.

La periodista y escritora británica Laura Bates considera que ese cambio está transformando la manera en que se reproducen los estereotipos de género. En su libro La nueva era del machismo, analiza cómo determinadas plataformas digitales han creado entornos en los que la misoginia encuentra nuevas formas de difusión y legitimación.

Su preocupación no se centra únicamente en grupos extremistas ni en comunidades marginales en internet. Bates sostiene que muchas de estas ideas circulan a través de contenidos aparentemente inofensivos, recomendaciones automáticas y sistemas diseñados para maximizar la atención de las personas usuarias. El resultado es que discursos que antes permanecían en espacios reducidos pueden alcanzar audiencias masivas en cuestión de horas.

La autora señala que los algoritmos no crean el sexismo. Lo que hacen es amplificar contenidos que generan interacción, indignación o controversia. Cuando los mensajes misóginos generan clics, comentarios o tiempo de permanencia en una plataforma, los sistemas tienden a promoverlos con mayor frecuencia, independientemente de sus consecuencias sociales.

Esa lógica resulta especialmente relevante en un momento en el que muchos adolescentes buscan referentes para construir su identidad. Las plataformas digitales no solo ofrecen entretenimiento. También transmiten ideas sobre el poder, las relaciones afectivas, la sexualidad, el éxito y la masculinidad. En ese contexto, la exposición constante a discursos que presentan a las mujeres como adversarias, amenazas o responsables de los problemas de los hombres puede influir en la manera en que los jóvenes interpretan el mundo.

Bates observa este fenómeno en distintos ámbitos. Desde la expansión de comunidades misóginas en internet hasta la normalización de formas de violencia digital dirigidas contra mujeres y niñas, la autora identifica un patrón común: la tecnología facilita la reproducción de prejuicios ya existentes, pero también les proporciona nuevas herramientas, nuevas audiencias y una capacidad de difusión sin precedentes.

Uno de los ejemplos que analiza es el uso de imágenes sexuales falsas generadas por inteligencia artificial. Aunque estas imágenes no correspondan a hechos reales, Bates advierte que sus consecuencias sí lo son. Mujeres y niñas han sufrido acoso, humillación pública, chantajes y afectaciones psicológicas derivadas de contenidos creados y difundidos sin su consentimiento. Para la autora, la discusión no debe centrarse en si la imagen es auténtica, sino en el daño que produce.

La periodista también cuestiona la tendencia a considerar que lo que ocurre en internet pertenece a una esfera separada de la vida cotidiana. Los espacios digitales influyen en la participación política, las relaciones sociales, la autoestima y la seguridad de las personas. Cuando determinadas formas de hostigamiento se normalizan en línea, sus efectos terminan extendiéndose más allá de la pantalla.

Frente a este escenario, Bates plantea una serie de respuestas concretas. Defiende una regulación más estricta para las empresas tecnológicas, mecanismos de protección para las víctimas de violencia digital y mayores exigencias de seguridad antes de que nuevas herramientas lleguen al mercado. También insiste en la necesidad de fortalecer la educación digital y la capacidad de los jóvenes para identificar la desinformación, cuestionar los contenidos que consumen y comprender cómo funcionan los algoritmos que moldean su experiencia en internet.

Su propuesta parte de una idea sencilla: las tecnologías no son neutrales cuando influyen en la forma en que las personas entienden las relaciones humanas. Si una parte importante de la educación informal de las nuevas generaciones tiene lugar en plataformas digitales, resulta necesario preguntarse qué valores transmiten esos espacios y quiénes se benefician de ello.

La discusión, en última instancia, va más allá de la inteligencia artificial o de las redes sociales. Se trata de comprender cómo se construyen las masculinidades en el siglo XXI y qué papel desempeñan las grandes plataformas tecnológicas en ese proceso. Para Bates, ignorar esa pregunta implica dejar que los algoritmos sigan ocupando un lugar que durante mucho tiempo correspondió a la educación, la reflexión crítica y el diálogo social.

Referencias

Bates, L. (2025). La nueva era del machismo. Península.

Requena Aguilar, A. (2026, 17 de junio). Laura Bates: “La reacción contra el progreso feminista está alimentada por el poder inmenso de los algoritmos”. elDiario.es. https://www.eldiario.es/sociedad/laura-bates-reaccion-progreso-feminista-alimentada-inmenso-algoritmos_128_13305760.html