El trabajo doméstico y de cuidados no remunerado representa uno de los mayores aportes a la economía colombiana, pero sigue recayendo principalmente sobre las mujeres, sin reconocimiento salarial ni protección social equivalente. Especialistas advierten que redistribuir estas tareas es uno de los principales desafíos para avanzar hacia una mayor igualdad económica.

El trabajo doméstico y de cuidados continúa siendo uno de los pilares menos visibles de la economía colombiana. Aunque sostiene el bienestar de millones de hogares y permite el funcionamiento de otros sectores productivos, sigue realizándose mayoritariamente sin remuneración y recae de manera desproporcionada sobre las mujeres.

La información más reciente del Departamento Administrativo Nacional de Estadística confirma que la economía del cuidado es una de las actividades de mayor valor para el país al incorporarla a las cuentas nacionales. Sin embargo, ese aporte continúa desarrollándose, en gran medida, fuera del mercado laboral formal y sin las garantías económicas y sociales que acompañan al trabajo remunerado.

Las labores de cocinar, limpiar y cuidar a niñas, niños, personas mayores, personas con discapacidad o familiares con enfermedades crónicas permiten que millones de personas estudien, trabajen o participen en la economía. A pesar de ello, estas actividades históricamente han sido consideradas responsabilidades privadas y no como una contribución económica fundamental al desarrollo del país.

Las estadísticas muestran que las mujeres dedican considerablemente más tiempo que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. Esa distribución desigual reduce sus oportunidades de acceder a empleos de tiempo completo, limita su desarrollo profesional, disminuye sus ingresos y repercute en su autonomía económica a lo largo de la vida.

Diversos estudios coinciden en que esta realidad también explica parte de las brechas persistentes en la participación laboral, los salarios, el acceso a cargos de liderazgo y la protección social. El tiempo destinado al cuidado constituye uno de los principales factores que condicionan las trayectorias laborales de millones de mujeres en América Latina.

Investigaciones del Banco de la República de Colombia señalan que las diferencias en la distribución del trabajo de cuidados ayudan a explicar una parte importante de las brechas regionales en la participación laboral femenina. Allí donde las mujeres asumen mayores responsabilidades de cuidado, disminuyen sus posibilidades de incorporarse al empleo remunerado o de permanecer en él.

La discusión sobre la economía del cuidado ha evolucionado en la última década. Más allá de reconocer su valor económico, los organismos internacionales plantean la necesidad de redistribuir estas responsabilidades entre el Estado, el mercado, las comunidades y los hombres, de modo que el cuidado deje de recaer casi exclusivamente sobre las mujeres.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe sostiene que avanzar hacia sistemas integrales de cuidados constituye una condición necesaria para reducir las desigualdades de género y fortalecer la productividad de las economías. En la misma línea, ONU Mujeres ha señalado que reconocer, reducir y redistribuir el trabajo de cuidados representa uno de los principales desafíos para alcanzar una igualdad sustantiva entre mujeres y hombres.

Colombia ha sido uno de los países latinoamericanos que más han avanzado en la medición estadística de este fenómeno mediante la Cuenta Satélite de Economía del Cuidado, un instrumento que permite estimar el aporte económico del trabajo no remunerado realizado en los hogares. Para especialistas, cuantificar estas actividades constituye un paso importante, pero insuficiente si no se traduce en políticas públicas que faciliten los servicios de cuidado, promuevan la corresponsabilidad familiar y amplíen la participación laboral femenina.

La discusión adquiere mayor relevancia en un contexto de envejecimiento poblacional y de transformación demográfica. El aumento de la demanda de cuidados plantea nuevos desafíos para los sistemas de protección social y las políticas de empleo, especialmente en una región donde las mujeres continúan asumiendo la mayor parte de estas responsabilidades.

Más que una actividad complementaria, el trabajo de cuidados constituye un componente esencial del funcionamiento económico y social. Su reconocimiento estadístico ha permitido dimensionar una labor que durante décadas permaneció invisible, mientras el debate público se orienta ahora a cómo distribuir de manera más equitativa una responsabilidad indispensable para el bienestar colectivo.

Referencias

Banco de la República. (2026). Trabajo de cuidado no remunerado y brechas regionales de género en la participación laboral en Colombia (Documentos de Trabajo sobre Economía Regional y Urbana, No. 345). Banco de la República de Colombia. https://investiga.banrep.gov.co/es/documentos/dtser-345

Comisión Económica para América Latina y el Caribe. (2022). La sociedad del cuidado: Horizonte para una recuperación sostenible con igualdad de género. CEPAL. https://www.cepal.org/es/publicaciones/47884-la-sociedad-cuidado-horizonte-recuperacion-sostenible-igualdad-genero

Departamento Administrativo Nacional de Estadística. (2025). Cuenta Satélite de Economía del Cuidado (CSEC). Gobierno de Colombia. https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/cuentas-nacionales/cuentas-satelite/cuenta-satelite-economia-del-cuidado

El Colombiano. (2026, 9 de julio). Trabajo doméstico y de cuidado no remunerado: un aporte fundamental para la economía colombiana. https://www.elcolombiano.com/negocios/trabajo-domestico-cuidado-no-remunerado-pib-colombia-IN38719881

ONU Mujeres. (2024). Transformar los sistemas de cuidados para lograr la igualdad de género. https://www.unwomen.org/es