La educación emocional, los cuidados y la expresión de los afectos forman parte de una conversación cada vez más presente en escuelas, familias y espacios comunitarios. Especialistas en igualdad y educación señalan que revisar los modelos tradicionales de masculinidad puede contribuir a relaciones más saludables y a una mejor calidad de vida para hombres y mujeres.

Durante décadas, muchas sociedades asociaron la masculinidad con la fortaleza, la autosuficiencia, la competitividad y el control emocional. Aunque estos atributos continúan presentes en distintos contextos culturales, cada vez más especialistas cuestionan las consecuencias que pueden tener cuando se convierten en exigencias rígidas para niños y hombres.

El profesor y divulgador Pepe Cabido abordó esta discusión en una actividad organizada en Vilagarcía de Arousa, España, en la que reflexionó sobre la necesidad de analizar críticamente los modelos de masculinidad transmitidos desde la infancia. Según explicó, gran parte de la educación diferenciada por género continúa asignando expectativas distintas a hombres y mujeres, lo que influye en la forma en que las personas aprenden a relacionarse consigo mismas y con quienes les rodean.

La conversación sobre nuevas masculinidades ha ganado espacio en los últimos años en ámbitos educativos y académicos. El debate parte de una premisa sencilla: los hombres no constituyen un grupo homogéneo y existen múltiples formas de vivir la masculinidad sin reproducir necesariamente modelos basados en la dureza emocional o en la restricción de los afectos.

Cabido sostuvo que muchos niños crecen bajo la presión de ajustarse a determinadas expectativas sobre cómo debe comportarse un hombre. En ese proceso, expresiones de vulnerabilidad, ternura o miedo suelen ser desalentadas, mientras que otras conductas reciben reconocimiento social por ajustarse a modelos tradicionales.

Diversas investigaciones sobre género han señalado que estas normas también tienen consecuencias para la salud emocional masculina. La dificultad para expresar sentimientos, pedir ayuda o construir relaciones basadas en el cuidado puede afectar el bienestar psicológico y limitar el desarrollo de vínculos más igualitarios.

Uno de los aspectos que el educador considera especialmente relevante es el papel de las figuras masculinas en la crianza. La presencia de padres y referentes capaces de expresar afecto, de acompañar emocionalmente y de participar activamente en los cuidados amplía las posibilidades de aprendizaje de niños y adolescentes.

La reflexión adquiere particular importancia en un contexto marcado por la influencia de las redes sociales y por la circulación de discursos que presentan la igualdad de género como una amenaza para los hombres. Según Cabido, muchos jóvenes reproducen ideas sobre el feminismo sin haber tenido acceso a información rigurosa ni a espacios de diálogo en los que puedan contrastarlas.

Desde esta perspectiva, la educación afectivo-sexual y la formación en igualdad no buscan eliminar las identidades masculinas, sino ofrecer herramientas para construir relaciones más respetuosas y libres de estereotipos. El objetivo no es establecer una nueva forma obligatoria de ser hombre, sino ampliar las posibilidades para quienes no se identifican con los modelos tradicionales.

El especialista también destacó la importancia de generar referentes masculinos diversos. La visibilidad de hombres que incorporan el cuidado, la empatía y la expresión emocional muestra que estas conductas no son incompatibles con la identidad masculina, sino que forman parte de concepciones más amplias y complejas de entenderla.

El enfoque sobre las nuevas masculinidades continúa creciendo en distintos países como parte de los debates contemporáneos sobre igualdad de género, salud mental y convivencia. En ese escenario, la interrogante no debe girar alrededor de la forma cómo deben comportarse los hombres, sino sobre la posibilidad de construir modelos que permitan desarrollar relaciones más saludables, diversas y humanas.

Referencia

Doval, D. (2026, 16 de junio). «La peor frase que se le puede decir a un niño es que sea un hombre de verdad». Faro de Vigo. https://www.farodevigo.es