Sobrevivientes de las llamadas “terapias de conversión” crearon en Argentina una red de acompañamiento para quienes han sufrido prácticas destinadas a modificar o reprimir su orientación sexual o su identidad de género. Organismos internacionales y profesionales de la salud advierten que estas intervenciones carecen de fundamento científico y pueden causar graves daños.
Gastón Onetto tenía 18 años cuando acudió a un psicólogo para recibir orientación vocacional. Durante las consultas, contó que se estaba relacionando con otro joven y aquello que nunca había considerado una enfermedad comenzó a ser presentado por el profesional como un problema que debía corregir.
El psicólogo llamó “quebrantamiento de género” a lo que supuestamente le ocurría. Le proporcionó textos que patologizaban la homosexualidad e indicaba que debía modificar diversos comportamientos: evitar determinadas prendas y accesorios, alejarse de amistades homosexuales y abandonar conductas que consideraba femeninas. También lo vinculó con una organización religiosa que organizaba encuentros destinados a modificar la orientación sexual de sus participantes.
Más de una década después, Onetto comprendió el impacto de aquella experiencia. Actualmente es psicólogo y artista y llevó su historia a La Cura, Memorias Invertidas, una obra autobiográfica de danza-teatro sobre las denominadas terapias de conversión. También denunció al profesional ante el Colegio de Profesionales de la Psicología y el entonces Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), aunque el caso no derivó en una sanción porque ya había prescrito.
Su testimonio, publicado por la periodista Luciana Mangó en El Ciudadano, permite observar una práctica que puede permanecer oculta bajo diferentes nombres y contextos. Después de hacer pública su experiencia, otras personas de distintas ciudades de Argentina comenzaron a contactarlo para contarle sobre situaciones similares. De esos encuentros surgió Nada Que Curar, una red de sobrevivientes que busca acompañar a otras personas y promover la erradicación de estas prácticas.
La iniciativa comenzó como una cuenta en redes sociales y, posteriormente, creó una plataforma digital con testimonios, información sobre derechos, materiales para personas que intentan conciliar su orientación sexual con sus creencias religiosas y una guía de profesionales de la salud. El sitio incluso incorpora un botón de salida rápida para proteger la privacidad de quienes puedan consultarlo desde entornos inseguros.
Sus integrantes aclaran que no ofrecen terapia psicológica. El acompañamiento es entre pares y parte de experiencias compartidas por personas que, durante años, fueron llevadas a considerar su sexualidad como una condición que debía desaparecer.
La denominación “terapia de conversión” puede resultar engañosa porque le atribuye una apariencia terapéutica a intervenciones que carecen de sustento científico. Naciones Unidas utiliza el término para agrupar prácticas que parten de la creencia de que la orientación sexual o la identidad de género de una persona puede y debe modificarse o reprimirse.
En 2020, el entonces Experto Independiente de las Naciones Unidas sobre orientación sexual e identidad de género, Víctor Madrigal-Borloz, presentó al Consejo de Derechos Humanos una investigación específica sobre estas prácticas. El informe concluyó que se sustentan en la falsa premisa de que las personas sexualmente diversas se encuentran en una condición inferior y documentó intervenciones realizadas en ámbitos sanitarios, religiosos, comunitarios y familiares.
El problema, por tanto, no pertenece exclusivamente al campo de la salud mental ni puede atribuirse únicamente a determinadas religiones. Las prácticas pueden adoptar diversas formas y presentarse como tratamientos psicológicos, acompañamiento espiritual, sanación, restauración o consejería. Lo que las identifica es su propósito: intentar cambiar o reprimir la orientación sexual o la identidad de género.
Una revisión publicada en el Journal of Forensic and Legal Medicine por el Independent Forensic Expert Group señaló que las prácticas de conversión carecen de justificación médica y pueden provocar un sufrimiento físico y psicológico significativo. Naciones Unidas también ha advertido que, dependiendo de sus características y de su severidad, algunas pueden constituir tratos crueles, inhumanos o degradantes e incluso superar el umbral de la tortura.
La perspectiva de género permite identificar otra dimensión en el testimonio de Onetto. El profesional no intentaba únicamente modificar hacia quién se sentía atraído. También pretendía cambiar su manera de vestir, sus amistades y sus comportamientos que consideraba demasiado femeninos.
La supuesta “cura” de la homosexualidad iba acompañada de una idea específica de masculinidad.
Las prácticas de conversión pueden sostenerse de esta manera en dos imposiciones relacionadas: la heterosexualidad como orientación esperada y determinados modelos de masculinidad o feminidad como expresiones consideradas correctas. Una persona no solo recibe el mensaje de que debe cambiar a quien ama o desea, sino también el de cómo debe comportarse para ajustarse a lo que otras personas esperan de un hombre o de una mujer.
El caso de Onetto muestra, además, el desequilibrio de poder que puede existir cuando estas ideas son presentadas por un profesional. Él no acudió a consulta para cambiar su orientación sexual. Llegó en busca de orientación vocacional y confió en alguien acreditado para brindarle atención psicológica. Fue en esa relación cuando comenzó a formarse la idea de que tenía un problema.
La Organización Panamericana de la Salud advirtió desde 2012 que los servicios destinados a “curar” orientaciones sexuales no heterosexuales carecen de justificación médica y representan una amenaza para la salud y el bienestar de las personas afectadas. El organismo recordó que la homosexualidad dejó de considerarse una enfermedad hace décadas y pidió a gobiernos, instituciones académicas, asociaciones profesionales y medios de comunicación que contribuyan a combatir dichas prácticas.
Nada Que Curar incorpora otra cuestión que suele quedar fuera de esta discusión: la relación entre la diversidad sexual y la fe. Varios de sus integrantes provienen de comunidades religiosas y describen años de conflicto entre su sexualidad y las creencias en las que crecieron. La plataforma no propone abandonar la espiritualidad, sino ofrecer recursos para que quienes atraviesan esa situación puedan conocer otras interpretaciones y encontrar acompañamiento sin considerar su orientación sexual como una enfermedad.
Esta distinción resulta importante para evitar que la crítica a las terapias de conversión se convierta en una generalización sobre las personas creyentes. El problema no reside en profesar una religión, sino en utilizar una posición religiosa, familiar, profesional o institucional para intentar modificar una orientación sexual o una identidad de género bajo la premisa de que se requiere una corrección.
En Argentina, Nada Que Curar también busca llevar la experiencia de los sobrevivientes al debate público. La organización impulsa regulaciones específicas para prevenir y sancionar las prácticas de conversión y sostiene que estas continúan produciéndose pese a los avances jurídicos alcanzados en las últimas décadas en materia de diversidad sexual.
La experiencia de quienes sobrevivieron a estas intervenciones obliga, así, a cambiar el centro de la discusión. No se trata de determinar qué método resulta más eficaz para modificar la sexualidad de una persona. El punto de partida científico y de derechos humanos es anterior: la orientación sexual y la identidad de género no son enfermedades que requieran tratamiento.
Ese principio es también el que los sobrevivientes argentinos eligieron para nombrar la red con la que ahora acompañan a otras personas. Frente a prácticas construidas en torno a la promesa de corregirlas, su respuesta cabe en tres palabras: Nada Que Curar.
Referencias
Independent Forensic Expert Group. (2020). Statement on conversion therapy. Journal of Forensic and Legal Medicine, 72, 101930. https://doi.org/10.1016/j.jflm.2020.101930
Mangó, L. (2026, 24 de agosto). Terapias de conversión: sobrevivientes denuncian abusos y lanzan una plataforma web de contención. El Ciudadano. https://elciudadanoweb.com/terapias-de-conversion-sobrevivientes-denuncian-abusos-y-lanzan-una-plataforma-web-de-contencion/
Nada Que Curar. (s. f.). Nada Que Curar. https://nadaquecurar.ar/
Nada Que Curar. (s. f.). Quiénes somos. https://nadaquecurar.ar/quienes-somos.html
Naciones Unidas, Consejo de Derechos Humanos. (2020, 1 de mayo). Práctica de las llamadas “terapias de conversión”: Informe del Experto Independiente sobre la protección contra la violencia y la discriminación por motivos de orientación sexual o identidad de género, Víctor Madrigal-Borloz (A/HRC/44/53). https://docs.un.org/es/A/HRC/44/53
Organización Panamericana de la Salud. (2012, 17 de mayo). “Curas” para una enfermedad que no existe: Las supuestas terapias de cambio de orientación sexual carecen de justificación médica y son éticamente inaceptables. https://www.paho.org/es/documentos/curas-para-enfermedad-que-no-existe








