Las mujeres continúan participando considerablemente menos que los hombres en el mercado laboral costarricense. Una iniciativa de ALAS acompañó a 160 estudiantes y jóvenes de poblaciones vulnerables con formación para buscar empleo y ropa de vestir para afrontar una barrera poco considerada: no tener qué ponerse para una entrevista de trabajo.
Conseguir empleo sigue siendo más difícil para las mujeres en Costa Rica. Los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), correspondientes al segundo trimestre de 2026, muestran una tasa de desempleo femenina del 7,2 %, ligeramente superior a la de los hombres, de 6,8 %. La diferencia parece pequeña si se observa únicamente este indicador, pero el panorama cambia cuando se analiza cuántas mujeres participan efectivamente en el mercado laboral.
Entre abril y junio, la tasa neta de participación laboral de las mujeres fue del 42,9 %, frente al 66,3 % de los hombres, lo que representa una brecha de 23,4 puntos porcentuales. La tasa de ocupación muestra una diferencia similar: solamente el 39,8 % de las mujeres de 15 años y más estaba ocupada, mientras que entre los hombres la proporción alcanzaba el 61,7 %. En términos absolutos, 921 mil mujeres integraban la fuerza de trabajo costarricense frente a 1,43 millones de hombres, según la Encuesta Continua de Empleo del INEC.
Las cifras permiten observar una desigualdad que el desempleo por sí solo no refleja. Para ser contabilizada como desempleada, una persona debe formar parte de la fuerza de trabajo y estar buscando empleo. Muchas mujeres permanecen fuera de ella, una situación vinculada, entre otros factores, a la distribución desigual de las responsabilidades domésticas y de cuidados, a las posibilidades de inserción laboral y a las condiciones en que pueden aceptar un empleo.
Incluso cuando una mujer decide incorporarse al mercado laboral o regresar a él, surgen obstáculos menos visibles. Elaborar un currículum, conocer los mecanismos actuales de contratación, desenvolverse durante una entrevista, negociar un salario o construir un perfil profesional en plataformas como LinkedIn forman parte de un proceso de búsqueda de empleo que requiere conocimientos específicos. A ello puede sumarse una condición mucho más básica: disponer de ropa adecuada para presentarse a una entrevista.
La vestimenta no determina las capacidades profesionales de una candidata, pero sí forma parte de las primeras impresiones que se generan durante un proceso de selección. Para una mujer con recursos económicos limitados, adquirir zapatos, pantalones, vestidos, blusas u otras prendas asociadas con determinados ámbitos profesionales representa un gasto adicional, precisamente cuando se encuentra desempleada o intenta acceder por primera vez a un empleo formal.
Con ese problema como punto de partida, la organización ALAS desarrolló la edición 2026 de Vestirse con ALAS para Triunfar, una iniciativa que acompañó a 160 mujeres de poblaciones vulnerables, entre ellas estudiantes de institutos técnicos y jóvenes universitarias con becas socioeconómicas. El programa combina la entrega de vestimenta ejecutiva con la preparación para afrontar distintas etapas de la búsqueda de empleo.
Las participantes recibieron formación para elaborar su currículum, utilizar LinkedIn, mejorar su comunicación verbal y no verbal, prepararse para entrevistas, comprender aspectos de la cultura organizacional y abordar la negociación salarial. También realizaron simulaciones de entrevistas con profesionales de Recursos Humanos, una práctica destinada a familiarizarlas con las preguntas, las dinámicas y las situaciones que pueden surgir durante un proceso de contratación.
Cada participante pudo seleccionar, además, un atuendo ejecutivo completo de acuerdo con sus necesidades y preferencias, con el acompañamiento de especialistas en imagen y marca personal. Las prendas podrán utilizarse posteriormente en entrevistas de trabajo, prácticas profesionales y en sus primeras experiencias en el mercado laboral.
“La ropa puede ayudar a abrir una puerta, pero son el talento, la preparación y la confianza los que permiten atravesarla. En ALAS queremos que cada mujer tenga las herramientas para hacerlo y que ninguna oportunidad se pierda por una barrera económica”, explicó Nuria Marín Raventós, presidenta de ALAS.
La precisión es importante porque el propósito de una iniciativa de este tipo no debería ser responsabilizar a las mujeres de adaptarse a expectativas estéticas para demostrar su capacidad profesional. El problema también obliga a observar los sesgos presentes en los procesos de contratación y en las condiciones económicas desde las que cada persona llega a una entrevista. Dos candidatas pueden tener una preparación semejante y enfrentarse al mismo proceso de selección desde posibilidades materiales completamente diferentes.
En esta edición, Tiendas La Gloria habilitó en sus instalaciones la denominada Boutique ALAS, donde las participantes seleccionaron las prendas. El espacio también sirvió como centro de recepción de donaciones y como sede de las formaciones. El proyecto contó con la participación de especialistas en imagen, recursos humanos y LinkedIn, así como con el respaldo de diversas empresas y personas que donaron ropa ejecutiva.
Vestirse con ALAS para triunfar comenzó en 2024. Con las 160 participantes de este año, la organización informa que 390 mujeres han formado parte del programa a lo largo de sus tres ediciones. La experiencia de Jimena Aguirre, estudiante de la Universidad de Costa Rica, muestra que la utilidad del acompañamiento no se limita a la ropa: “Me formaron en temas de inserción laboral y me quitaron los nervios que uno tiene para ir a una entrevista. Hicimos simulaciones de entrevistas con profesionales de recursos humanos. Me voy muy contenta y muy agradecida”.
Reducir las brechas laborales reflejadas en las estadísticas nacionales requiere políticas relacionadas con el empleo, la corresponsabilidad en los cuidados, la formación, la protección social y la eliminación de la discriminación. También existen obstáculos concretos que pueden resolverse a medida que esas transformaciones avanzan. Para una joven que busca su primer trabajo o para una mujer que intenta reincorporarse después de permanecer fuera del mercado laboral, disponer de un currículum adecuado, practicar una entrevista y contar con la ropa necesaria para presentarse puede marcar una diferencia inmediata.
Los datos del INEC muestran la magnitud del desafío: mientras que el 66,3 % de los hombres en edad de trabajar participa en el mercado laboral costarricense, entre las mujeres lo hace el 42,9 %. La ropa no explica esa diferencia ni puede resolverla, pero tampoco debería convertirse en una barrera adicional para quienes intentan reducirla.
Referencias
ALAS. (2026). Vestirse para conseguir trabajo: ALAS entregó ropa de negocios y capacitó a 160 mujeres para abrirles puertas al empleo formal [Comunicado de prensa].
Instituto Nacional de Estadística y Censos. (2026, 6 de agosto). Desempleo se ubica en 7,0 % y se mantiene sin cambios significativos. https://new.inec.cr/noticias/desempleo-se-ubica-70-se-mantiene-sin-cambios-significativos








