La brecha de acceso a la inteligencia artificial se ha reducido significativamente. Sin embargo, investigaciones recientes muestran que mujeres y hombres mantienen diferencias en la manera de valorar sus efectos sobre el empleo, la privacidad, los derechos y el desarrollo de la sociedad, una conversación que comienza a cobrar relevancia a medida que estas herramientas se incorporan a la vida cotidiana.
La inteligencia artificial dejó de ser una tecnología reservada para especialistas, investigadores o programadores. Hoy forma parte de actividades tan diversas como estudiar, trabajar, redactar documentos, buscar información, organizar tareas o resolver dudas cotidianas. Su rápida expansión también ha modificado algunas ideas que predominaban en los primeros años de esta revolución tecnológica, entre ellas la percepción de que existía una marcada diferencia entre mujeres y hombres en el uso de estas herramientas.
Los datos más recientes del Pew Research Center muestran que esa brecha prácticamente desapareció. En Estados Unidos, el 50 % de los hombres y el 47 % de las mujeres afirmaron haber utilizado asistentes conversacionales de inteligencia artificial, una diferencia considerablemente menor que la observada en estudios anteriores. La adopción de esta tecnología avanza, por tanto, de manera cada vez más equilibrada entre ambos grupos.
La verdadera diferencia aparece cuando la conversación deja de centrarse en el acceso y se desplaza hacia la forma en que las personas interpretan el impacto de la inteligencia artificial. El estudio identifica que las mujeres expresan niveles más altos de preocupación por las consecuencias sociales de estas herramientas y consideran, con mayor frecuencia que los hombres, que su desarrollo avanza a un ritmo excesivo. También manifiestan mayores reservas respecto de sus efectos sobre la privacidad, la circulación de la información y el mercado laboral.
Lejos de reflejar un menor interés por la innovación, estos resultados describen una forma distinta de acercarse a la tecnología. La inteligencia artificial forma parte de la vida cotidiana de millones de mujeres, pero su incorporación suele ir acompañada de una evaluación más crítica de los beneficios y riesgos que implica delegar la toma de decisiones, generar contenidos o automatizar procesos que antes dependían exclusivamente de las personas.
Esta percepción encuentra respaldo en otras investigaciones internacionales. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) ha advertido de que los sistemas de inteligencia artificial pueden reproducir sesgos presentes en los datos con los que fueron entrenados, lo que plantea desafíos en materia de igualdad de oportunidades, representación de distintos grupos sociales y protección de los derechos fundamentales. A ello se suman los debates sobre transparencia, privacidad y rendición de cuentas en el desarrollo de algoritmos que cada vez intervienen en más decisiones de la vida cotidiana.
El impacto en el empleo constituye otra de las preocupaciones identificadas por organismos especializados. La Organización Internacional del Trabajo señala que la inteligencia artificial generativa transformará numerosas ocupaciones, especialmente aquellas vinculadas a tareas administrativas, de oficina y de servicios, en las que la participación femenina es significativa. El organismo subraya que el principal desafío no consiste únicamente en la posible automatización de funciones, sino en garantizar procesos de capacitación y de adaptación laboral que permitan aprovechar las nuevas oportunidades sin profundizar las desigualdades existentes.
La forma de utilizar estas herramientas también presenta matices. Mientras algunos estudios muestran que los hombres recurren con mayor frecuencia a distintos modelos de inteligencia artificial y mantienen un uso más intensivo, las mujeres concentran su actividad principalmente en plataformas consolidadas e incorporan estas aplicaciones de manera progresiva en ámbitos relacionados con el trabajo, el aprendizaje y la organización de actividades cotidianas. Estas diferencias reflejan estilos de adopción más que niveles de acceso.
La conversación sobre inteligencia artificial comienza a desplazarse hacia un terreno más amplio que el de los desarrollos tecnológicos. Comprender cómo distintos grupos sociales perciben sus beneficios, limitaciones y riesgos puede ser tan importante como ampliar el acceso a estas herramientas. A medida que la inteligencia artificial influya en ámbitos como la educación, la salud, el empleo o la administración pública, incorporar esa diversidad de perspectivas será un elemento clave para promover un desarrollo tecnológico más responsable e inclusivo.
Referencias
International Labor Organization. (2025). Generative AI and jobs: A global analysis of potential effects on job quantity and quality. International Labor Office. https://www.ilo.org/publications/generative-ai-and-jobs-global-analysis-potential-effects-job-quantity-and
Pew Research Center. (2026, June 17). Americans and AI 2026: Chatbots, smart devices and views on impact. https://www.pewresearch.org/internet/2026/06/17/americans-and-ai-2026-chatbots-smart-devices-and-views-on-impact/
Pew Research Center. (2026, June 17). The gender gap in AI. https://www.pewresearch.org/internet/2026/06/17/the-gender-gap-in-ai/
Stanford University, Institute for Human-Centered Artificial Intelligence. (2026). AI Index Report 2026. Stanford University. https://hai.stanford.edu/ai-index/2026-ai-index-report
United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization. (2024). Guidance for generative AI in education and research. UNESCO Publishing. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000386693








