A sus 16 años, la joven guanacasteca escribe sobre la libertad, la tristeza, la búsqueda de sentido y los estereotipos de género. En sus versos explora sentimientos y conflictos que muchas veces resultan difíciles de expresar en una conversación.

María Cristina Paniagua Leiva tiene 16 años, pero ya ha encontrado en la poesía un espacio para hacerse preguntas que no siempre tienen respuestas sencillas. Nacida el 25 de noviembre de 2009 en Guanacaste, Costa Rica, esta joven costarricense comenzó a escribir a los 15 años y, desde entonces, las palabras se han convertido en una manera de explorar lo que siente, observa y cuestiona.

Estudiante de quinto año de La Paz Community School, en la sede de Tempisque, Paniagua, recuerda que su acercamiento a la escritura coincidió con un creciente interés por leer poesía. “Comencé a escribir poesía a los 15 años, cuando también empecé a leerla con más frecuencia. Al principio escribía de manera espontánea, sin pensar demasiado en la estructura. Las palabras surgían de forma natural”, comenta la joven escritora.

Con el tiempo ha aprendido sobre los diferentes tipos de poesía y sus formas, pero hay algo de aquellos primeros escritos que no quiere perder; se trata de la libertad de dejar que las palabras aparezcan. Argumenta que “Ahora conozco mejor los diferentes tipos de poesía y sus formas, pero sigo procurando conservar esa espontaneidad al escribir”.

Escribir sobre lo que inquieta, como la libertad, búsqueda de sentido, tristeza y estereotipos de género, aparece entre los temas que despiertan su interés. No son asuntos escogidos al azar, sino inquietudes relacionadas con su propia experiencia y con las preguntas que se plantea sobre el mundo que la rodea.

“Me gusta escribir sobre la libertad, la búsqueda de sentido, la tristeza y la dificultad de comprenderla, así como sobre los estereotipos de género. Son temas que se relacionan con lo que vivo, siento y cuestiono diariamente”, explica.

Para María Cristina, escribir también permite expresar aquello que no siempre encuentra una forma sencilla de comunicar: “La poesía me permite explorarlos y expresar cosas que a veces me cuesta explicar de otra manera”.

Esa mirada aparece en versos donde las emociones personales se entrelazan con interrogantes sobre los límites, el cuerpo y las relaciones:

Te metiste en los oscuros pasillos de mi cabeza
y, sin temor, tocaste todas las puertas.

Invasor,

usaste palabras inusuales
que abrieron portales
en mi cuerpo.

Cerraste grietas,
pero las manoseaste.

La joven autora también utiliza la poesía para expresar el derecho a establecer límites y cuestionar comportamientos que invaden el espacio emocional y físico:

Tal vez yo sea un misterio,
pero eso no otorga el derecho
de tocar mi pecho
y querer jugar con mis sentimientos.

Qué atrevimiento.

Entre la libertad y el silencio

En sus poemas aparecen también el deseo de libertad y las barreras que pueden impedir alcanzarla. El miedo, el silencio y unas alas que todavía no se sabe cómo utilizar se convierten en imágenes para expresar esa tensión:

Si callo, será diferente:
nadie cortará las alas que no me enseñaron a usar.

Cuánto quisiera volar,
pero el miedo a estrellarme me dice que es mejor callar.

Sus inquietudes literarias trascienden la poesía. María Cristina reconoce en Albert Camus a su escritor favorito y una influencia en la manera en que observa algunos de los temas sobre los que escribe.

“Definitivamente, Albert Camus. Su filosofía del absurdo influye mucho en lo que escribo, especialmente en las preguntas sobre el sentido de la vida y nuestra manera de enfrentarnos a ella”, afirma.

En este proceso creativo hay una persona que ocupa un lugar especial: su madre. Afirma que su mamá es la persona que más la apoya. “Le encanta lo que hago, y su entusiasmo me anima a seguir escribiendo y a compartir mis poemas”.

Ese respaldo resulta particularmente importante en una etapa en la que María Cristina todavía está descubriendo su estilo y experimentando con su escritura. No sabe aún qué lugar ocupará la literatura en su vida profesional, pero sí expresa un deseo: no dejar de escribir. Sostiene que, aunque todavía no sabe qué lugar ocupará la escritura en su futuro, es algo que le encanta y que quisiera seguir haciendo siempre.

Su meta como escritora tampoco está relacionada únicamente con publicar o alcanzar reconocimiento. Aspira a establecer una conexión con quienes se acerquen a sus textos.

“Mi meta es que quienes lean mis poemas sientan que logré poner en palabras un conflicto o un sentimiento que también han vivido. Me gustaría que encontraran algo de sí mismos en lo que escribo y que se sintieran comprendidos”, señala.

Quizás allí se encuentre una de las razones más poderosas para continuar escribiendo: transformar una experiencia individual en palabras capaces de acompañar a otras personas.

Concluye la joven poeta que la poesía es para ella un espacio donde puede expresar lo que no siempre sabe decir en una conversación. “Todavía estoy aprendiendo y descubriendo mi forma de escribir, pero me gusta pensar que mis palabras pueden acompañar a alguien que esté sintiendo algo parecido”, concluye.

A sus 16 años, María Cristina Paniagua no pretende tener todas las respuestas. Está comenzando a descubrir su voz y utiliza la poesía precisamente para explorar las preguntas, contradicciones y emociones que la acompañan mientras aprende a desplegar sus propias alas.

Fotografía: María Cristina Paniagua (2026, 6 de octubre).