Una religiosa francesa que denunció abusos sexuales y espirituales cometidos por el exjesuita Marko Rupnik impulsa hoy uno de los proyectos artísticos más simbólicos y poderosos contra la violencia en la Iglesia católica. El mosaico monumental Rebirth (“Renacimiento”), creado por la hermana Samuelle junto al cineasta francés Quentin Delcourt, busca convertir el arte en un espacio de reparación, memoria y reconstrucción colectiva para las sobrevivientes de abuso.
La obra surge como una respuesta directa al legado artístico de Rupnik, sacerdote y artista acusado de abusos sexuales, espirituales y psicológicos por más de veinte mujeres, varias de ellas religiosas. Sus mosaicos continúan exhibiéndose en importantes santuarios y espacios católicos de Europa, América y el Vaticano. Frente a ello, Rebirth propone una narrativa opuesta: utilizar el arte sacro no para encubrir el poder, sino para devolver la voz a quienes fueron silenciadas.
El proyecto consiste en un mosaico de 12,5 metros de largo por 4 metros de alto, elaborado con miles de teselas enviadas por sobrevivientes de abuso y por personas que las acompañan en distintos países. En la parte posterior de cada pieza se escriben oraciones, nombres y mensajes de solidaridad. Posteriormente, el mural se dividirá en 200 fragmentos que se exhibirán en lugares vinculados a la obra de Rupnik y en otros espacios propuestos por sobrevivientes. La intención simbólica es clara: “romper el silencio”.
La hermana Samuelle explicó que el mosaico representa el proceso de reconstrucción tras la violencia: “juntar los fragmentos y darles un nuevo rostro”. Para ella, el arte permite hablar del abuso desde otra perspectiva, no centrada únicamente en el trauma, sino también en la posibilidad de renacer. La religiosa, que tras los abusos abandonó la vida comunitaria y hoy vive como ermitaña, convirtió su experiencia personal en un acto colectivo de memoria y reparación.
El director Quentin Delcourt, quien documenta el proceso en la película The Tesserae Symphony, insiste en que el proyecto no pretende borrar la memoria de los abusos, sino impedir que las víctimas vuelvan a desaparecer tras el prestigio artístico de sus agresores. En una de las reflexiones más contundentes del reportaje, Delcourt afirma: “Respondamos al arte de la violación con el arte de la reparación”.
La propuesta también plantea una profunda discusión ética y cultural sobre el papel del arte frente a las violencias institucionales. Mientras muchas voces dentro de la Iglesia han pedido retirar las obras de Rupnik, el proyecto Rebirth apuesta por una resignificación crítica del espacio artístico: no destruir para olvidar, sino intervenir para recordar y dignificar a las víctimas. En esa lógica, el arte deja de ser únicamente contemplativo y se convierte en una herramienta política, espiritual y humana de denuncia.
El proyecto incorpora testimonios de religiosas y sobrevivientes de distintos continentes, entre ellos África, Asia y América Latina, regiones donde el abuso eclesial continúa marcado por el silencio, la impunidad y la falta de reconocimiento institucional. La iniciativa busca precisamente abrir espacios de escucha donde históricamente predominó el ocultamiento.
Más allá del contexto religioso, Rebirth dialoga con una tradición histórica del arte como forma de resistencia ante la violencia. Desde los memoriales de guerra hasta las expresiones artísticas feministas y de derechos humanos en América Latina, el arte ha funcionado como archivo de las heridas colectivas y como posibilidad de reconstrucción simbólica. En este caso, las sobrevivientes no aparecen representadas como figuras pasivas del dolor, sino como creadoras activas de una nueva narrativa.
Referencia:
Mac Donald, Sarah. “Una religiosa convierte el abuso en arte de reparación”. National Catholic Reporter / Global Sisters Report en Español, 11 de mayo de 2026. Traducción de Magda Bennásar. https://www.ncronline.org/es/arts-and-media/rebirth-art-project-offers-counternarrative-marko-rupniks-abuse








