Organismos internacionales coinciden en que aumentar la participación económica femenina impulsa el crecimiento, reduce la pobreza y fortalece la productividad global.

Las mujeres representan poco más de la mitad de la población mundial y realizan una contribución esencial a la economía global, no solo mediante el trabajo remunerado, sino también a través del emprendimiento, el comercio, la innovación y el trabajo de cuido no remunerado. Sin embargo, organismos internacionales advierten que su potencial económico sigue limitado por barreras estructurales que restringen el acceso al empleo, al financiamiento y al liderazgo empresarial.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) sostiene que cerrar las brechas económicas de género no es únicamente un asunto de justicia social, sino también una estrategia de crecimiento económico. Según el organismo, la desigualdad entre hombres y mujeres tiene un costo significativo para la economía mundial, ya que desaprovecha el talento, la productividad y la capacidad de innovación. El FMI señala que cuando más mujeres participan en el mercado laboral, aumenta el ingreso de los hogares, se fortalece el consumo y crece la productividad nacional.

El organismo también destaca que las economías emergentes y en desarrollo podrían experimentar mejoras significativas si las mujeres tuvieran acceso equitativo a la educación, la salud, el financiamiento y el empleo formal. Las restricciones para ingresar al mercado laboral, las brechas salariales y la sobrecarga de tareas domésticas y de cuidado siguen siendo algunos de los principales obstáculos.

En América Latina y el Caribe, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha documentado que la participación económica de las mujeres es fundamental para aumentar la productividad regional y reducir la pobreza. El BID advierte que muchas mujeres enfrentan barreras asociadas al cuido no remunerado, una responsabilidad que limita su incorporación al empleo formal y a los ámbitos de liderazgo económico. Solo en la región, las mujeres dedican aproximadamente 8.400 millones de horas semanales al trabajo de cuidado no remunerado de menores de edad, personas adultas mayores o con discapacidad, lo que equivale a más de 210 millones de empleos a tiempo completo.

Para el BID, invertir en sistemas de cuido, financiamiento y acceso al crédito no solo mejora la vida de las mujeres, sino que también fortalece el crecimiento económico. Estudios del organismo indican que facilitar el financiamiento empresarial impulsa el empleo, la innovación y la productividad, aspectos clave para el desarrollo sostenible de la región.

Por su parte, la Organización Mundial del Comercio (OMC) destaca el papel creciente de las mujeres en el comercio internacional y en el emprendimiento exportador. Sin embargo, reconoce que las empresarias aún enfrentan mayores obstáculos para insertarse en las cadenas globales de valor y acceder a mercados internacionales. La OMC advierte de que reducir las barreras al comercio para las mujeres empresarias podría impulsar economías más inclusivas y competitivas.

Diversos estudios citados por organismos multilaterales muestran, además, que las empresas lideradas por mujeres tienden a reinvertir de manera significativa en educación, salud y bienestar familiar, lo que genera beneficios sociales intergeneracionales. Además, las empresas exportadoras lideradas por mujeres suelen pagar salarios más altos, ser más productivas y contratar más personal que las que operan únicamente en mercados internos.

Pese a estos aportes, los organismos internacionales coinciden en que la economía mundial aún opera por debajo de su potencial al no aprovechar plenamente el talento femenino. Los mensajes del FMI, el BID y la OMC convergen en un mismo punto: ampliar las oportunidades económicas para las mujeres no solo favorece a ellas, sino que también beneficia a las familias, las empresas y el crecimiento de las naciones.