La OMM prevé que el fenómeno alcance una intensidad muy fuerte antes de que finalice 2026. Sus efectos serán distintos en cada territorio, pero la OIT advierte de riesgos para el empleo, los ingresos y la seguridad alimentaria en una región donde la informalidad y la distribución desigual de los cuidados reducen la capacidad de muchos hogares para enfrentar una crisis climática.
El Niño ya está establecido en el Pacífico tropical y continuará intensificándose en los próximos meses. La Organización Meteorológica Mundial estimó en septiembre una probabilidad cercana al 100 % de que el episodio persista hasta febrero de 2027 y prevé que alcance una intensidad muy fuerte antes de alcanzar su máximo hacia finales de este año.
La intensidad del fenómeno no permite anticipar, por sí sola, qué ocurrirá en cada país. La OMM advierte que sus efectos también dependen de la época del año y de otros factores climáticos. A escala regional, sin embargo, existen señales suficientes para prepararse ante alteraciones en las precipitaciones y las temperaturas, con riesgos asociados a sequías, inundaciones y calor extremo.
La dimensión social de esas alteraciones comienza mucho antes de que pueda calcularse el costo final de un desastre. Una cosecha menor afecta los ingresos y la disponibilidad de alimentos. El déficit de agua altera la producción y las condiciones de vida. Las temperaturas extremas reducen la capacidad de trabajo de quienes realizan sus labores al aire libre. Una inundación puede interrumpir el transporte, el comercio y los servicios.
La Organización Internacional del Trabajo analizó esa cadena en agosto y advirtió que El Niño 2026-2027 podría afectar al empleo, reducir los ingresos y deteriorar las condiciones laborales en América Latina y el Caribe. Agricultura, pesca, energía, construcción, transporte, logística y turismo figuran entre las actividades expuestas, aunque los efectos variarán considerablemente entre países y subregiones.
El Corredor Seco Centroamericano, el Caribe y el norte de Sudamérica enfrentan principalmente riesgos relacionados con sequías, déficit hídrico y olas de calor. En las costas del Pacífico de Ecuador y Perú aumenta la posibilidad de lluvias extremas e inundaciones, mientras el sureste de Sudamérica puede experimentar precipitaciones superiores a la media y tormentas severas.
Con respecto a las consecuencias económicas de El Niño, no se distribuyen únicamente según el lugar donde llueva más o menos. También dependen de las condiciones laborales de quienes viven de las actividades afectadas.
Cerca de la mitad de las personas ocupadas en América Latina y el Caribe trabaja en la economía informal. Para estos trabajadores, una reducción de la jornada o de los ingresos puede producirse sin el seguro de desempleo, el permiso retribuido u otros mecanismos de protección disponibles en los empleos formales. La OIT identifica a los trabajadores informales, a los rurales y a quienes realizan actividades al aire libre entre los grupos particularmente expuestos.
El panorama laboral regional había mostrado mejoras durante 2025, con crecimiento del empleo, reducción del desempleo y una disminución gradual de la informalidad. Esos avances no eliminaron las diferencias entre países ni las brechas que continúan afectando especialmente a mujeres y personas jóvenes.
El Niño encuentra, por tanto, una región con capacidades desiguales para absorber una pérdida temporal de ingresos. La OIT advierte de que sus impactos laborales no están predeterminados. La protección social, la inspección laboral, los servicios públicos de empleo, el diálogo social y las políticas de adaptación pueden reducir considerablemente sus consecuencias.
Se debe acotar que el fenómeno climático no distingue entre mujeres y hombres, pero las condiciones económicas y sociales desde las que unas y otros enfrentan sus consecuencias sí difieren.
La participación laboral femenina continúa por debajo de la masculina en América Latina y el Caribe, y las mujeres mantienen una presencia importante en actividades informales y en empleos de menor protección. A esta desigualdad se suma una distribución del trabajo doméstico y de cuidados que sigue recayendo mayoritariamente sobre ellas.
Los datos regionales disponibles muestran diferencias considerables entre países, pero en todos persiste una brecha. La OIT estima que las mujeres latinoamericanas dedican entre 6,3 y 29,5 horas semanales más que los hombres al trabajo de cuidados no remunerado. Las metodologías nacionales de medición varían, por lo que el rango no debe interpretarse como una única cifra regional, pero sí permite observar la magnitud de una desigualdad documentada.
Esta distribución importa al analizar un fenómeno climático porque las directrices regionales elaboradas por la CEPAL, la OIT, ONU Mujeres y el PNUD en 2025 reconocen expresamente que los efectos del cambio climático están entre los procesos que incrementan la demanda de cuidados en América Latina y el Caribe.
El vínculo puede manifestarse de distintas maneras. La falta de agua modifica las tareas necesarias para mantener un hogar. Una enfermedad asociada a temperaturas extremas requiere atención. La suspensión de los servicios educativos obliga a reorganizar el cuidado de niñas y niños. Los daños en la infraestructura pueden aumentar el tiempo necesario para conseguir alimentos, desplazarse o atender a personas dependientes.
Todavía no existe una medición regional que permita afirmar cuánto trabajo de cuidados adicional producirá específicamente El Niño 2026-2027 ni qué proporción recaerá sobre las mujeres. Lo que sí está documentado es que cualquier aumento de esas necesidades encontrará una organización social del cuidado que ya distribuye las responsabilidades de manera desigual.
Los efectos también pueden alcanzar a familias que no trabajan directamente en la agricultura, la pesca ni en actividades expuestas al clima.
La OIT advierte que las alteraciones productivas asociadas con El Niño pueden afectar la seguridad alimentaria y ejercer presión sobre los precios de los alimentos y de la energía. Cuando disminuye el ingreso de un hogar y aumentan determinados gastos básicos, su capacidad de adaptación se reduce.
Este mecanismo resulta particularmente relevante para hogares de bajos ingresos, trabajadores informales y familias con escasa cobertura de protección social. También introduce una dimensión de género, ya que las desigualdades laborales y la carga de cuidados condicionan la autonomía económica de las mujeres antes de que se produzca la emergencia.
Presentar a las mujeres como inherentemente más vulnerables frente al clima oculta esa relación. La vulnerabilidad no procede del sexo de una persona, sino de las condiciones en las que trabaja, sus ingresos, los activos disponibles, el territorio donde vive, las responsabilidades de cuidado y el acceso efectivo a los servicios y a la protección social.
La experiencia regional permite identificar algunos riesgos antes de que El Niño alcance su máxima intensidad. Esa anticipación diferencia el episodio actual de una emergencia completamente inesperada.
La OMM ha pedido reforzar los sistemas de alerta temprana y la preparación ante fenómenos meteorológicos extremos. La OIT plantea, desde el ámbito laboral, ampliar la protección de los trabajadores vulnerables, fortalecer la seguridad y la salud en el trabajo, invertir en infraestructura resiliente y utilizar el diálogo social para adaptar las respuestas a las condiciones de cada país y sector.
La perspectiva de género añade otra necesidad porque las políticas de respuesta deben considerar quién pierde ingresos, quién permanece fuera de los sistemas de protección y quién asume el trabajo adicional necesario para sostener a las personas cuando una emergencia altera la vida cotidiana.
El Niño 2026-2027 tendrá manifestaciones distintas en América Latina y el Caribe. Sus consecuencias sociales dependerán en buena medida de las decisiones adoptadas antes de que las sequías, las lluvias extremas o las temperaturas elevadas se conviertan en pérdidas de empleo, ingresos y bienestar. La preparación también requiere reconocer desigualdades que ya existían antes de que el Pacífico comenzara a calentarse.
Referencias
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https://repositorio.cepal.org/handle/11362/82271
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https://public.wmo.int/es/resources/publication-series/el-ninola-nina-updates/agosto-de-2026
Organización Meteorológica Mundial. (2026, 3 de septiembre). El Niño alcanzará una intensidad muy fuerte e incrementará el riesgo de que se produzcan fenómenos meteorológicos extremos hasta entrado 2027.
https://public.wmo.int/es/news/media-centre/el-nino-alcanzara-una-intensidad-muy-fuerte-e-incrementara-el-riesgo-de-que-se-produzcan-fenomenos








