En 1888, la antropóloga Alice Fletcher le preguntó a una mujer Omaha qué diría su esposo al enterarse de que ella acababa de regalarle un caballo. La mujer se rió a carcajadas y compartió la anécdota con los demás reunidos en su vivienda. Entre las naciones iroquesas y las omahas, la propiedad, los hijos y la libertad de movimiento pertenecían a las mujeres siglos antes de que Elizabeth Cady Stanton redactara la Declaración de Sentimientos de Seneca Falls, en 1848.

La Confederación de las Seis Naciones iroquesas otorgaba a las mujeres el poder de veto sobre las decisiones de guerra, un hecho que el oficial colonial británico Sir William Johnston documentó en el siglo XVIII y que la historiadora Matilda Joslyn Gage recogió más tarde en su libro de 1893 sobre el matriarcado indígena. Gage escribió que «las mujeres también poseían el poder de veto en cuestiones de guerra» y describió tratados firmados por las mujeres de mayor rango de las Seis Naciones, conservados hasta hoy en los archivos estatales de Albany, Nueva York.

Si una pareja iroquesa se separaba, la mujer conservaba los bienes que había aportado al hogar y los hijos la acompañaban automáticamente.

Las reinas europeas de la misma época respondían al orden nobiliario más que a las mujeres comunes, un orden que imponía la virginidad como valor femenino y toleraba la promiscuidad masculina bajo el manto del honor. El misionero jesuita Paul Le Jeune, que convivió con las naciones nativas de Norteamérica en el siglo XVII, escribió en 1633 que «aquí las mujeres tienen mucho poder» y relató que un hombre podía excusarse por incumplir una promesa diciendo simplemente que su esposa no había querido cumplirla. La misma libertad femenina que los jesuitas describían con escándalo funcionaba, para las naciones nativas, como parte ordinaria de la vida cotidiana.

En Mesoamérica y los Andes, gobernantes como Lady K’abel, la jefa militar maya que gobernó El Perú-Waka en la actual Guatemala durante la segunda mitad del siglo VII, ocupaban rangos superiores a los de sus propios esposos, según documentó la arqueología citada por National Geographic en 2012. La conquista española impuso un patriarcado que después se les atribuyóa los pueblos originarios bajo la etiqueta de «machismo latinoamericano», una acusación que en México y en buena parte de la región partió de las élites criollas y del propio imperialismo europeo. Sor Juana Inés de la Cruz, la escritora novohispana criada por sirvientas indígenas en el México colonial, desarrolló su pensamiento crítico en un entorno donde esas dos tradiciones convivían sin que la historiografía tradicional lo hubiera explorado a fondo.

Los antropólogos David Graeber y David Wengrow observaron en su libro de 2021 que los mismos misioneros que hablaban de la «espantosa libertad de los salvajes» tropezaban con dificultades reales para traducir a las lenguas nativas conceptos como «señor», «mandato» u «obediencia». La ausencia de esas palabras revela que las estructuras de mando vertical, centrales en la vida europea, carecían de un equivalente en buena parte de las naciones indígenas de Norteamérica.

En marzo de 1888, en Washington D. C., Fletcher se dirigió al Consejo Internacional de Mujeres, la primera reunión internacional convocada por el sufragio femenino, y relató ante el público una escena vivida años antes en la Nación Omaha, en Nebraska. Cada vez que ella explicaba las leyes estadounidenses sobre la propiedad marital a las mujeres de Omaha, una de ellas le respondía: «Como mujer india, yo era libre». Esa mujer conservaba el control sobre su casa, su persona y el trabajo de sus manos, mientras que las mujeres blancas y europeas de la misma década perdían la propiedad legal de sus bienes al casarse.

Sally Roesch Wagner, directora de la Fundación Matilda Joslyn Gage y del Centro para el Diálogo por la Justicia Social de Nueva York, explicó que los actos de violencia contra las mujeres «eran poco frecuentes en las sociedades indígenas antes del contacto europeo» y que, cuando ocurrían, se castigaban con dureza. Wagner citó también el testimonio de una maestra que trabajó en la reserva de la Nación Séneca y que, según sus propias palabras, nunca fue insultada durante los años que enseñó allí, un dato que contrastaba con la experiencia cotidiana de las mujeres en los pueblos no indígenas de la misma región.

En Estados Unidos, los hijos de mujeres negras esclavizadas o mulatas con hombres blancos esclavistas eran considerados legalmente esclavos y quedaban excluidos de la familia del padre, una norma que todavía se refleja en la manera en que figuras públicas como Barack Obama sonclasificadas racialmente, pese a tener una ascendencia europea proporcionalmente mayor. Del otro lado de esa misma frontera cultural, un sistema de descendencia matrilineal indígena no distinguía el origen racial del padre para reconocer la plena pertenencia de un hijo a la nación materna.

Cuando la asamblea de Seneca Falls aprobó, en 1848, el derecho de las mujeres a poseer propiedad y a conservar a sus hijos tras una separación, las mujeres iroquesas y omahas ejercían esos mismos derechos desde hacía generaciones antes de que llegara el primer misionero jesuita al valle del río San Lorenzo, en el siglo XVII. Mary Wollstonecraft había publicado su Vindicación de los derechos de la mujer en 1792 sin mencionar en ningún momento a esas naciones, pese a que las crónicas sobre ellas circulaban en las tertulias intelectuales europeas desde hacía más de un siglo.

La descendencia entre los iroqueses todavía se sigue contando hoy por línea materna. Gage documentó en 1893 que un niño de ojos azules y cabello rubio, hijo de padre blanco, era considerado miembro pleno de la nación de su madre.

Referencias

Gage, M. J. (1893). Woman, church and state: A historical account of the status of woman through the Christian ages, with reminiscences of the matriarchate. C. H. Kerr.

Graeber, D., & Wengrow, D. (2021). The Dawn of Everything: A New History of Humanity., Straus and Giroux.

Majfud, J. (2026, 14 de julio). Las raíces indígenas del feminismo moderno [Capítulo del libro Tawíscara]. El secuestro de la democracia. El Mercurio Digital. https://www.elmercuriodigital.net/2026/07/las-raices-indigenas-del-feminismo.html

National Park Service. (2020). How Native American women inspired the women’s rights.https://www.nps.gov/articles/000/how-native-american-women-inspired- the-women-s-rights-movement.htmOwen, J. (2012, 4 de octubre). Tomb of Maya queen found. ‘Lady Snake Lord’ ruled the centipede kingdom. National Geographic.