Religiosa dominica y profesora de formación, cuestiona el machismo clerical, defiende la lectura de las pensadoras feministas y critica las propuestas políticas que considera contrarias a la dignidad de las mujeres.

En marzo de 2022, Licarayén Torres participó en una manifestación feminista en Chile con un cartel dedicado a las mujeres silenciadas por las estructuras religiosas. Su mensaje evocaba a María Magdalena y cuestionaba el machismo clerical. La imagen comenzó a circular en redes sociales y dio visibilidad a una religiosa que, desde entonces, ha intervenido en debates sobre política, literatura, derechos de las mujeres y el papel de la Iglesia en la sociedad.

Torres tiene 38 años y pertenece a la Orden de Predicadores, conocida como dominica. Vive en una comunidad religiosa en Concón, en la región de Valparaíso. En octubre de 2026, una entrevista de la periodista Antonia Laborde para EL PAÍS permitió conocer su trayectoria personal y las razones de sus posiciones públicas, que han provocado adhesiones y críticas dentro y fuera del catolicismo.

Nació y creció en Coronel de Maule, una localidad rural al sur de Santiago. Su familia era creyente, aunque la práctica religiosa no ocupaba un lugar central en la vida doméstica. La infancia estuvo marcada por las historias de las mujeres de su entorno, por las experiencias campesinas y por las diferencias políticas entre las familias de sus padres.

La religiosa recuerda que durante aquellos años asociaba la Iglesia con las relaciones de poder existentes en el campo. Su acercamiento posterior al catolicismo se dio a través de personas que participaban en actividades misioneras y discutían los problemas sociales desde una perspectiva distinta de la que había conocido.

Antes de ingresar en la vida religiosa, estudió Pedagogía en Lenguaje y Comunicaciones en la Universidad Autónoma de Talca. La literatura fue decisiva en su formación. Descubrió a escritoras y pensadoras que ampliaron sus referencias sobre la experiencia femenina, entre ellas Gabriela Mistral, teólogas feministas y Simone de Beauvoir.

Esa formación explica una de sus intervenciones más recientes, ya que, en septiembre de 2026, la directora ejecutiva de la Fundación para la Promoción y Desarrollo de la Mujer (Prodemu) cuestionó la inclusión de Beauvoir entre las autoras destacadas por la institución. Torres respondió defendiendo la importancia de leer a una filósofa cuyas reflexiones sobre el cuerpo, la identidad y la condición femenina siguen vigentes en los estudios de género.

Su relación con la política comenzó antes de adoptar los hábitos, pues durante sus años de estudiante, participó en espacios de representación juvenil en un período marcado por las movilizaciones chilenas que exigían reformas educativas. Más adelante conoció a integrantes de una comunidad dominica que combinaba la vida religiosa con el estudio, el trabajo y la participación social.

En 2016 decidió consagrarse a la vida religiosa; por eso encontró en esa comunidad una forma de vivir la fe que otorgaba importancia a la autonomía económica de las hermanas y a su participación en los asuntos públicos. Su presencia posterior en redes sociales surgió de esa manera de comprender la vocación, aunque con el tiempo sus publicaciones alcanzaron audiencias más amplias.

Una de sus intervenciones más controvertidas ocurrió en julio de 2026, cuando criticó el proyecto de ley titulado «Escucha su corazón». La propuesta buscaba exigir que las mujeres escucharan los latidos embrionarios o fetales antes de acceder a una interrupción del embarazo en alguna de las tres circunstancias permitidas por la legislación chilena.

Torres cuestionó la necesidad de imponer esa experiencia a mujeres que enfrentan situaciones de riesgo vital, de inviabilidad fetal o embarazos derivados de una violación. Su intervención recibió comentarios favorables de figuras políticas de distintas posiciones, pero también críticas de quienes interpretaron sus palabras como una defensa del aborto.

La religiosa aclaró posteriormente que mantiene la postura doctrinal de la Iglesia católica al respecto. Su objeción se dirige al trato que considera necesario ofrecer a las mujeres y a las medidas que pueden aumentar su sufrimiento. Esta distinción permite comprender una posición que no coincide necesariamente con las categorías habituales del debate político.

En la entrevista publicada por EL PAÍS, Torres también expresó su desacuerdo con sectores de la extrema derecha chilena. Cuestionó especialmente el uso de la religión para justificar determinadas decisiones políticas y defendió una interpretación del Evangelio centrada en la atención a las personas pobres, enfermas y migrantes.

Sus declaraciones deben entenderse como posiciones personales de una religiosa que participa en el debate público. No representan un pronunciamiento oficial de la Iglesia católica ni de la Orden de Predicadores. Tampoco significan que exista una única interpretación política posible de la doctrina cristiana.

La relación entre el catolicismo y el feminismo tiene antecedentes más amplios que la experiencia de Torres. Las teologías feministas han estudiado durante décadas la participación de las mujeres en las comunidades religiosas, la interpretación de los textos sagrados y las desigualdades presentes en las instituciones eclesiales. La religiosa chilena se aproxima a esas discusiones desde su formación literaria y su experiencia comunitaria.

Su presencia pública resulta singular por el lugar desde el que interviene. Torres habla como mujer, docente de formación y religiosa consagrada. No abandona su pertenencia institucional al cuestionar el machismo clerical o al defender la lectura de autoras feministas. Por el contrario, presenta esas posiciones como parte de su comprensión de la vida cristiana.

Las reacciones que recibe muestran que sus intervenciones alcanzan a personas de distintas sensibilidades políticas y religiosas. Ese respaldo heterogéneo no elimina los desacuerdos sobre sus planteamientos, pero sí ayuda a explicar por qué una religiosa que vive en comunidad se ha convertido en una figura conocida fuera de los espacios eclesiales.

La historia de Licarayén Torres reúne experiencias que suelen examinarse por separado: la educación rural, la formación literaria, la participación estudiantil, la vida conventual y el feminismo. En su trayectoria, esos ámbitos han contribuido a forjar una voz que discute públicamente el papel de las mujeres en la Iglesia y la responsabilidad social de quienes invocan el Evangelio en la política.

Fotografía: Imagen ilustrativa elaborada por Revista Petra a partir de un video de Licarayén Torres difundido por Prensa Chilena (@prensachilena), Instagram (julio, 2026).

Referencias 

Laborde, A. (2026, 12 de octubre). La religiosa chilena Licarayén, viral y feminista: «La extrema derecha no representa el Evangelio». EL PAÍS. https://elpais.com/chile/2026-10-12/la-religiosa-licarayen-viral-y-feminista-la-extrema-derecha-no-representa-el-evangelio.html

Prensa Chilena [@prensachilena]. (2026, julio). Las palabras de la hermana Licarayén Torres respecto al proyecto «Escucha su corazón» [Video]. Instagram. https://www.instagram.com/reels/Da1gXkhxkev/

Serey, P. (2026, 17 de julio). «¿Es necesario torturar a las mujeres de esta manera?»: La reflexión viral de una religiosa ante proyecto que condiciona el aborto a escuchar el latido fetal. The Clinic. https://www.theclinic.cl/2026/07/17/es-necesario-torturar-a-las-mujeres-de-esta-manera-la-reflexion-viral-de-una-religiosa-ante-proyecto-que-condiciona-el-aborto-a-escuchar-el-latido-fetal/